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Demuestran que la malaria crónica de Plasmodium vivax es una infección del bazo y que es donde se encuentra la mayor parte de la biomasa del parásito

Hernando A. del Portillo, Carmen Fernández BecerraHernando A. del Portillo, Carmen Fernández Becerra
Hernando A. del Portillo, Carmen Fernández Becerra
- Investigación

Hernando A. del Portillo, profesor ICREA y Carmen Fernández-Becerra (profesora asociada de investigación), ambos con afiliación conjunta con el Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) y el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), han participado en estudios que se han descrito en dos publicaciones que suponen un nuevo paradigma en su campo de estudio: cambian lo que hasta ahora se consideraba aceptado sobre la biología de Plasmodium vivax, un parásito que provoca una forma de malaria, a menudo crónica y a veces mortal. El trabajo se centra en el bazo, que hasta ahora se creía que era el órgano responsable de eliminar los parásitos de malaria de la sangre; ahora aportan nuevos datos que muestran cómo, por el contrario, también es un reservorio y vivero del parásito. Además, el estudio explica porque la malaria causada por P. vivax puede tener una forma hepática latente responsable de recaídas clínicas, junto con parásitos intraesplénicos probablemente responsables de infecciones crónicas asintomáticas, proporcionando así nuevas vías para estrategias alternativas de control.

La mayoría de casos de malaria los causan los parásitos unicelulares Plasmodium falciparum y Plasmodium vivax, que entran en la sangre por picaduras de mosquitos. La malaria por P. vivax no es tan virulenta ni tan grave como la de P. falciparum, pero también se ha estudiado menos, y se conoce que tiene una forma latente en el hígado, que provoca casos clínicos reincidentes. Hoy en día la malaria afecta más de 228 millones de personas anuales y es vausa de más de 400.000 muertes (en muchos casos, niños), además de pérdidas económicas y una reducción de la calidad de vida de los países donde es endémica. También incrementan los casos de personas que viajan desde zonas de malaria endémica, junto con la preocupación por la propagación de su alcance en un contexto de calentamiento global.

La concepción actual de la enfermedad es que hay un nivel bajo de P. vivax circulando en sangre porque el parásito invade los reticulocitos, glóbulos rojos inmaduros, que se encuentran principalmente en la médula ósea. También que el bazo destruye los parásitos, especialmente después del tratamiento contra la malaria y, hasta ahora, se había considerado que era el lugar de su eliminación en sangre.

En una carta publicada en el New England Journal of Medicine, los autores describen una biomasa que no se había detectado hasta ahora de P. falciparum y P. vivax en el bazo. El grupo estudió el bazo de las personas infectadas con ambos parásitos y lo comparó con la sangre circulante de los mismos pacientes e individuos libres de malaria. Mediante distintos métodos comprobó que, por el contrario de lo que se sabía hasta ahora, hay un número mucho mayor de parásitos en el bazo que en sangre, más por P. vivax que por P. falciparum (la densidad media del bazo de P. vivax era 590 veces más alta que en la sangre periférica, y mucho superior en la relación estimada entre el bazo y la sangre en las infecciones por P. falciparum, una media de 289). Por ello concluyen que la malaria crónica vivax es una infección del bazo, no de la sangre.

En un artículo más extenso en la revista PLOS Medicine, el mismo equipo, dirigido por Nicholas Anstey, de la División de Salud Global y Tropical, Menzies School of Health Research y Charles Darwin Universitu (Australia), amplía los resultados de sus descubrimientos sobre P. vivax. En este caso, han examinado tanto las distintas etapas del reticulocito como las distintas fases de P. vivax en el bazo durante su complejo ciclo de vida. Han concluido que P. vivax, lejos de ser únicamente destruido por el bazo, se ha adaptado para sobrevivir y también para replicarse en este órgano, invirtiendo las hipótesis establecidas hasta ahora.

"Es una enorme satisfacción haber participado en este estudio ya que nostros postulamos originalmente la existencia de infecciones intra-esplénicas en malaria", dice Hernando A. del Portillo, jefe del grupo de investigación Plasmodium vivax and Exosome Research (PVREX). Los últimos 20 años el grupo ha concentrado distintas líneas de investigación en P. vivax, en concreto centrándose en aspectos de la adhesión del parásito a tejidos hemopoéticos.

"Con el paso de los años, cada vez era más difícil de justificar lo que estaba establecido sobre los roles del hígado y el bazo en P. vivax. Con el intenso tropismo de P. vivax para los reticulocitos, sospechábamos que tenían un papel en el bazo que todavía no se había descrito. Estos resultados cambian totalmente la comprensión de la biología del parásito y el papel del bazo, es rompedor", añade Carmen Fernández Becerra, codirectora del grupo PVREX.

Este estudio se ha llevado a cabo en Indonesia, con pacientes del Rumah-Sakit-Umum-Daerah (RSUD), el hospital regional más grande de la provincia de Papua. Se obtuvieron muestras de bazo de 22 pacientes asintomáticos, que habían sido sometidos a cirugía para extirpar el bazo debido a casos de trauma. Se compararon las muestras de 9 pacientes sin malaria, y se analizaron muestras de sangre periférica para calcular la cantidad de parásitos presentes, y las etapas de los parásitos en los distintos tejidos.

Encontraron que el 95,5% de los pacientes estaban infectados con malaria. Los reticulocitos en el bazo eran más rígidos que los de la sangre periférica, cosa que sugiere que se retenían de forma mecánica en el bazo. También había acumulados en el bazo eritrocitos de todas las etapas del desarrollo, con densidades de parásitos no destruidos 3.590 veces superiores a las de la sangre en circulación, lo que representa un 95,1% de la biomasa total de P. vivax en el cuerpo. El análisis histológico permitió identificar los porcentajes de las diferentes etapas del ciclo de vida del parásito en las distintas partes del órgano. "Todos estos datos se corresponden con los porcentajes en el caso de que el parásito se reprodujera allí activamente", explica del Portillo.

Todos estos resultados indican que, lejos de ser solo el órgano de destrucción de P. vivax, los parásitos se acumulan allí activamente y, de hecho, es donde tiene lugar la mayor parte del ciclo de vida (asexual) dentro de las células de la sangre. Parece que han evolucionado para explotar este nicho. La malaria vivax crónica no es principalmente una enfermedad de la sangre, sino del bazo. Esto tiene importantes implicaciones para identificar nuevas dianas y plataformas de liberación de fármacos, ya que los parásitos en esta ubicación están protegidos en gran medida de los fármacos antimalaria. También tiene importantes implicaciones para la identificación de biomarcadores de infección crónica asintomática, para mejorar los métodos de diagnóstico. Como es difícil trabajar con el bazo humano, técnica y éticamente, la investigación se centra en el desarrollo de nuevas tecnologías para obtener conocimiento molecular de estas infecciones dentro del órgano, con el objetivo de contribuir a la eliminación de la malaria.